En la chacra campesina se siembra mucho más que alimento: se cultivan memoria, comunidad y autonomía.
Cada siembra sigue el ritmo de la luna y las estaciones. Las mujeres leen la tierra, asocian cultivos, rotan especies y abonan con compost, guano y ceniza del fogón.
Aquí la ciencia y la tradición se dan la mano: prácticas como la milpa, la rotación de cultivos o el uso de terrazas muestran un profundo conocimiento ecológico transmitido de generación en generación.
Cultivar es también un acto de memoria y de cariño
Saberes que florecen








